Sergio C. Spinelli

Cuentos para leer gratis del libro Cuentos Iniciales

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Conocí la historia de causalidad, viajando en un tren atestado de gente, con olores de todo tipo invadiendo los sentidos y el aire enrarecido que parece no alcanzar a satisfacer la demanda de oxígeno. La señora parecía culta y vestía ropas que en otro momento habían sido elegantes y caras. Las sucesivas crisis que hemos vivido ha generado estas personas que en su momento fueron brillantes en lo suyo y hoy son apenas sombras viviendo de lo que en otro momento parecía ser. El caballero que la escuchaba parecía mucho mas joven que ella y la sonrisa sarcástica colgando de la comisura de sus labios hablaba de una relación antigua, gastada y casi marchita. Ella estaba muy asombrada de la historia y quería contársela con lujos de detalles. Después de un empujón de un hombre que quiso bajar a último momento, ella le decía con los labios rozando el saco sport pasado de moda:- Me escuchás, Roberto?- Sí, te dije que si. ¿Cómo puede ser que te creas semejante pavada?- Siempre pensaste que era medio estúpida, pero no hace falta que lo comentes en alta voz para que todos lo sepan. Te digo que después que Gladys me lo contó, Jorge me dijo que lo había leído en un sitio de noticias, en internet.- Dejate de joder! ¿Cómo era? La gallina de Facundito?La mujer se pasó los dedos sobre el labio superior, en la base de la nariz. Unas gotitas diminutas de sudor se le estaban juntando en el vello incipiente que podía ver gracias a que el sol estaba detras de ella, casi incrustada contra la puerta automática. De frente al hombre, ambos estaban de perfil desde mi posición privilegiada. Mis anteojos de sol no dejaban ver que seguía interesadísimo la conversación. El viaje es largo y no podía sacar mis apuntes para leer, así que no perdía detalle de ambos. - La puta, no aguanto mas el olor! ¿Por qué no se bañan?- Qué boquita, Susana… no podrás ser un poco mas cuidadosa en las palabras?- ¡Dejate de joder vos! ¿No sentís el olor a chivo? Son las ocho y media de la mañana, este olor es viejo!- A ver, concentrate. La gallina de Facundito se llamaba Bubu, no?- Se llama Bubu, todavía vive. Facundito le puso así porque era muy miedosa desde chiquita. Te acordás que se la regaló el abuelo Juan Carlos?- Sí, me acuerdo. Y bueno, contame qué le pasó, cómo fue la historia.Susana (así la había llamado Roberto, el señor del saco sport gastado) sonrió. Pareció como si hubiese pensado “sabía que estabas por caer, no aguantás la intriga, eh?”. Me miró a los ojos pero seguro se vió reflejada en mis lentes de sol. Por las dudas miré para otro lado sin mover la cabeza. Apoyó sobre el pecho de Roberto una mano que sacó desde la maraña humana apretada y siguió contando.- Marisa, la hermana de Facundito, estaba barriendo el patiecito que tienen antes de llegar al césped que bordea el estanque que llaman piscina, cuando vió a la gallina flotando boca abajo. Empezó a gritar desesperada y llamó a su abuelo Juan Carlos. Con los gritos apareció Facundo que enseguida se puso a llorar. Vos sabés cómo grita cuando el marranito ese llora, no? La vecina de al lado se asomó por la ligustrina y también empezó a los gritos. ¡Imaginate el desastre!- Sí, me hago una idea, pero creo que todo lo que pueda imaginar es poco comparado con el despelote que deben haber armado- Sabías que Marisa se recibió de enfermera y está trabajando en un hospital?- ¿Marisa, que era más tarada que esa gallina de mierda?- ¡Roberto! No hables así de Marisa!Susana estaba muy ofendida, con la mano que tenía apoyada sobre el pecho del hombre lo empujó un poco y la mujer que estaba detrás de él giró la cabeza con mucha vehemencia y miró la nuca de Roberto. Como el hombre ni cuenta se dió de la mirada de odio, la mujer me miró como para tener un descargo. Giré levemente la cabeza hacia el lado contrario, como siguiendo con la mirada algo muy interesante fuera del tren. No quería que me interrumpiera la historia, quería saber qué había pasado con la gallina Marisa. No, Marisa era la tarada, la gallina era Bubu.- ¿Por qué no puedo decir eso de Marisa, si es la verdad? No te acordás que no sabía leer un termómetro y me decís que ahora es enfermera? Es que de pronto le surgió la inteligencia? Lo único que quería era revolcarse con el primo, el grandote ese que lo único que sabe es patear una pelota.- ¿Será posible que todos mis parientes son idiotas para vos? Claro, si en tu familia abundan los genios, como Fernanda, no?- ¡Mi hermana será puta, pero no es tarada!Tragué saliva. En la televisión no podía encontrar escenas así, y mirá lo que tengo en el viajecito hasta Retiro! El tema era si alguno se ponía violento. El espacio se estaba poniendo cada vez mas sofocante y si empezaban a repartir algun golpecito, muchos tendríamos una dosis por el solo hecho de estar compartiendo casi el mismo espacio. Roberto, cuando le gritó eso a Susana, había dejado que unas cuantas gotas de saliva salieran disparadas de su boca y un hilo sutil y plateado caía desde su mentón al saco. Susana, con cara de asco, se limpió parte de las gotas con la mano que había empujado a Roberto. Pestañeó repetidas veces y esbozó una sonrisa falsa que demostraba miedo. "Parece que Roberto es agresivo” pensé mientras movía un pie entre los que tenía alrededor para preparar una posible huida si el grandote decidía ponerla en vereda. “Pero que estoy pensando” me dije enseguida. “Voy a permitir que un hombre le pegue a una mujer? Pero es grandote…” La voz de Roberto interrumpió mis pensamientos.- Mirá, de eso vamos a hablar mas tarde. Pero con o sin gallina de mierda, Marisa es, fue y será una flor de pelotuda, estamos?- Sí, tenés razón, RobertSusana lo miraba con miedo, estaba consciente que había pasado un límite y no quería que la cosa empeorase. Suspiró casi junto conmigo.- Dejame que te termine de contar, si?- Si, pero no hables de mi familia o la cosa termina mal- ¡Si sabes cuanto los quiero a todos!- No te hagas la boluda vos ahora. Y si queres contar esa mierda, hacélo ahora y sin hablar mal de nadie o me bajo y espero el tren de atrás- Bueno, el abuelo Juan Carlos no podía meterse por la artosis, la artritis o no sé qué es todo lo que tiene el viejo. Marisa se estiró y la agarró. La sacó y vió que no respiraba, estaba muerta. Gladys me dijo que Marisa se puso el pico de la gallina en la boca y empezó a soplar.Se me escapó una pequeña risita que enseguida disimulé con un ataque de tos. Como no podía tapar mi boca por tener las manos aprisionadas por la gente a mi alrededor, corrí el rostro hacia la izquierda y la mujer que había sido aprisionada por la espalda de Roberto cuando él fue empujado por Susana, recibió todo mi aliento. No tengo caries y me cepillo seguido, así que no podía alegar mal aliento, pero como ya venía un poco enojada por el hermoso viaje, el empujón de Roberto, el olor espantoso, el calor sofocante y el traqueteo ruidoso, hizo que me putera de arriba abajo. Mi madre fue muy nombrada y mi inteligencia también fue algo que destacó la señora. Intenté disculparme pero parece que fue peor. Opté por correrme aprovechando una parada y que la gente estaba moviéndose, pero no quería perder a la pareja y a la historia. No sé cómo pasó, pero quedé detrás de Susana. Ella pareció de pronto notar mi presencia detrás suyo y logró que su cuerpo se adaptara al mío perfectamente. Asombrado y con mi nariz en su rodete, intentaba pensar en cualquier estupidez para que las cosas quedaran así y no se despertara nadie. Al menos el perfume que tenía tapaba muchos de los olores que disfrutábamos. Quise seguir escuchando y ella mientras hablaba aumentaba la presión de sus nalgas sobre mí. Empecé a transpirar.- …y volvió a soplar en el pico y Bubu abrió grandes los ojos! Entonces le sopló muchas veces hasta que la gallinita se levantó. ¿Entendes Roberto que se levantó la gallinita?Yo no sabía si hablaba de la historia o de mi. Tragué saliva. Ella no sólo seguía aumentando la presión, sino que se movía intencionalmente, la muy atrevida. Él le dijo algo cerca del oído y ella se rió y se frotó con mayor ganas. De pronto me doy cuenta que estamos ingresando en la terminal, estamos llegando a Retiro. Y como siempre, se abre la puerta del otro lado, nunca la que estoy cerca. Comienza la descompresión y con tristeza y alivio siento como Susana despega su cuerpo del mío. Como tengo mis apuntes en una mano puedo disimular tranquilamente, aunque nadie se va a fijar en mi en la monstruosa multitud. No puedo seguirlos, la gente es demasiada y se interponen en mi camino. Y a mi me es un poco difícil avanzar. Llego a salir caminando lentamente y me dirijo al subterráneo, ya sin ninguna presión pero pensando más en Susana que en la gallina. ¡Es increíble que una mujer estando en presencia de su marido, pareja, concubino o quien sea, haya hecho semejante acto de desparpajo! ¡La sociedad está verdaderamente fuera de cauce, cómo pretender que las cosas mejoren si nos comportamos como esa mujer!Apenas llegué a la oficina me puse a investigar sobre la historia. Dijo que alguien lo había corroborado en Internet, así que eso es un juego para mí. Después de unos minutos de búsqueda y de resolver dos o tres pavadas laborales, lo encontré.
En un sitio nacional de noticias y periodismo en internet estaba la nota, era muy pequeña y decía esto: “Una mujer llamada Marisa debió aplicar técnicas de resucitación para salvar a la gallina de su pequeño hermano que había caído en un estanque y estaba aparentemente ahogada.
Boo Boo, tal era el nombre del ave, fue encontrada por la señora Marisa, una enfermera retirada, flotando boca abajo en el estanque familiar. Instantáneamente la extrajo y observó que no respiraba ni se movía.
Desesperada, le practicó respiración boca a boca y el animal respondió favorablemente. "Soplé dentro de su pico y abrió muy grandes los ojos. Volví a soplar y los abrió nuevamente", relató la mujer.
La gallina Boo Boo, que lleva ese nombre por lo asustadiza que es, está a salvo y la familia cree que habría caído al agua tras espantarse por la presencia de algún otro animal.”Y bueno, los argentinos siempre hacemos lo mismo. No podía llamarse “Bubu”, tenía que ser bien al estilo yanqui “Boo Boo”. Y Marisa era una enfermera retirada… o habrán querido poner “retardada” y fue un error? Poco importa. Lo interesante de todo esto es que Susana me siguió en el subte, cuando salimos me pidió fuego y después de tres semanas, estamos vivendo juntos en su departamento. Roberto sigue llamando de vez en cuando, muy desconsolado. Y Bubu corre lejos del estanque.© Sergio C. Spinelli
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