Conocí
la historia de causalidad, viajando en un tren atestado de gente, con
olores de todo tipo invadiendo los sentidos y el aire enrarecido que parece
no alcanzar a satisfacer la demanda de oxígeno. La señora
parecía culta y vestía ropas que en otro momento habían
sido elegantes y caras. Las sucesivas crisis que hemos vivido ha generado
estas personas que en su momento fueron brillantes en lo suyo y hoy son
apenas sombras viviendo de lo que en otro momento parecía ser.
El caballero que la escuchaba parecía mucho mas joven que ella
y la sonrisa sarcástica colgando de la comisura de sus labios hablaba
de una relación antigua, gastada y casi marchita. Ella estaba muy
asombrada de la historia y quería contársela con lujos de
detalles. Después de un empujón de un hombre que quiso bajar
a último momento, ella le decía con los labios rozando el
saco sport pasado de moda:-
Me escuchás, Roberto?-
Sí, te dije que si. ¿Cómo puede ser que te creas
semejante pavada?-
Siempre pensaste que era medio estúpida, pero no hace falta que
lo comentes en alta voz para que todos lo sepan. Te digo que después
que Gladys me lo contó, Jorge me dijo que lo había leído
en un sitio de noticias, en internet.-
Dejate de joder! ¿Cómo era? La gallina de Facundito?La
mujer se pasó los dedos sobre el labio superior, en la base de
la nariz. Unas gotitas diminutas de sudor se le estaban juntando en el
vello incipiente que podía ver gracias a que el sol estaba detras
de ella, casi incrustada contra la puerta automática. De frente
al hombre, ambos estaban de perfil desde mi posición privilegiada.
Mis anteojos de sol no dejaban ver que seguía interesadísimo
la conversación. El viaje es largo y no podía sacar mis
apuntes para leer, así que no perdía detalle de ambos. -
La puta, no aguanto mas el olor! ¿Por qué no se bañan?-
Qué boquita, Susana… no podrás ser un poco mas cuidadosa
en las palabras?-
¡Dejate de joder vos! ¿No sentís el olor a chivo?
Son las ocho y media de la mañana, este olor es viejo!-
A ver, concentrate. La gallina de Facundito se llamaba Bubu, no?-
Se llama Bubu, todavía vive. Facundito le puso así porque
era muy miedosa desde chiquita. Te acordás que se la regaló
el abuelo Juan Carlos?-
Sí, me acuerdo. Y bueno, contame qué le pasó, cómo
fue la historia.Susana
(así la había llamado Roberto, el señor del saco
sport gastado) sonrió. Pareció como si hubiese pensado “sabía
que estabas por caer, no aguantás la intriga, eh?”. Me miró
a los ojos pero seguro se vió reflejada en mis lentes de sol. Por
las dudas miré para otro lado sin mover la cabeza. Apoyó
sobre el pecho de Roberto una mano que sacó desde la maraña
humana apretada y siguió contando.-
Marisa, la hermana de Facundito, estaba barriendo el patiecito que tienen
antes de llegar al césped que bordea el estanque que llaman piscina,
cuando vió a la gallina flotando boca abajo. Empezó a gritar
desesperada y llamó a su abuelo Juan Carlos. Con los gritos apareció
Facundo que enseguida se puso a llorar. Vos sabés cómo grita
cuando el marranito ese llora, no? La vecina de al lado se asomó
por la ligustrina y también empezó a los gritos. ¡Imaginate
el desastre!-
Sí, me hago una idea, pero creo que todo lo que pueda imaginar
es poco comparado con el despelote que deben haber armado-
Sabías que Marisa se recibió de enfermera y está
trabajando en un hospital?-
¿Marisa, que era más tarada que esa gallina de mierda?-
¡Roberto! No hables así de Marisa!Susana
estaba muy ofendida, con la mano que tenía apoyada sobre el pecho
del hombre lo empujó un poco y la mujer que estaba detrás
de él giró la cabeza con mucha vehemencia y miró
la nuca de Roberto. Como el hombre ni cuenta se dió de la mirada
de odio, la mujer me miró como para tener un descargo. Giré
levemente la cabeza hacia el lado contrario, como siguiendo con la mirada
algo muy interesante fuera del tren. No quería que me interrumpiera
la historia, quería saber qué había pasado con la
gallina Marisa. No, Marisa era la tarada, la gallina era Bubu.-
¿Por qué no puedo decir eso de Marisa, si es la verdad?
No te acordás que no sabía leer un termómetro y me
decís que ahora es enfermera? Es que de pronto le surgió
la inteligencia? Lo único que quería era revolcarse con
el primo, el grandote ese que lo único que sabe es patear una pelota.-
¿Será posible que todos mis parientes son idiotas para vos?
Claro, si en tu familia abundan los genios, como Fernanda, no?-
¡Mi hermana será puta, pero no es tarada!Tragué
saliva. En la televisión no podía encontrar escenas así,
y mirá lo que tengo en el viajecito hasta Retiro! El tema era si
alguno se ponía violento. El espacio se estaba poniendo cada vez
mas sofocante y si empezaban a repartir algun golpecito, muchos tendríamos
una dosis por el solo hecho de estar compartiendo casi el mismo espacio.
Roberto, cuando le gritó eso a Susana, había dejado que
unas cuantas gotas de saliva salieran disparadas de su boca y un hilo
sutil y plateado caía desde su mentón al saco. Susana, con
cara de asco, se limpió parte de las gotas con la mano que había
empujado a Roberto. Pestañeó repetidas veces y esbozó
una sonrisa falsa que demostraba miedo. "Parece que Roberto es agresivo”
pensé mientras movía un pie entre los que tenía alrededor
para preparar una posible huida si el grandote decidía ponerla
en vereda. “Pero que estoy pensando” me dije enseguida. “Voy
a permitir que un hombre le pegue a una mujer? Pero es grandote…”
La voz de Roberto interrumpió mis pensamientos.-
Mirá, de eso vamos a hablar mas tarde. Pero con o sin gallina de
mierda, Marisa es, fue y será una flor de pelotuda, estamos?-
Sí, tenés razón, RobertSusana
lo miraba con miedo, estaba consciente que había pasado un límite
y no quería que la cosa empeorase. Suspiró casi junto conmigo.-
Dejame que te termine de contar, si?-
Si, pero no hables de mi familia o la cosa termina mal-
¡Si sabes cuanto los quiero a todos!-
No te hagas la boluda vos ahora. Y si queres contar esa mierda, hacélo
ahora y sin hablar mal de nadie o me bajo y espero el tren de atrás-
Bueno, el abuelo Juan Carlos no podía meterse por la artosis, la
artritis o no sé qué es todo lo que tiene el viejo. Marisa
se estiró y la agarró. La sacó y vió que no
respiraba, estaba muerta. Gladys me dijo que Marisa se puso el pico de
la gallina en la boca y empezó a soplar.Se
me escapó una pequeña risita que enseguida disimulé
con un ataque de tos. Como no podía tapar mi boca por tener las
manos aprisionadas por la gente a mi alrededor, corrí el rostro
hacia la izquierda y la mujer que había sido aprisionada por la
espalda de Roberto cuando él fue empujado por Susana, recibió
todo mi aliento. No tengo caries y me cepillo seguido, así que
no podía alegar mal aliento, pero como ya venía un poco
enojada por el hermoso viaje, el empujón de Roberto, el olor espantoso,
el calor sofocante y el traqueteo ruidoso, hizo que me putera de arriba
abajo. Mi madre fue muy nombrada y mi inteligencia también fue
algo que destacó la señora. Intenté disculparme pero
parece que fue peor. Opté por correrme aprovechando una parada
y que la gente estaba moviéndose, pero no quería perder
a la pareja y a la historia. No sé cómo pasó, pero
quedé detrás de Susana. Ella pareció de pronto notar
mi presencia detrás suyo y logró que su cuerpo se adaptara
al mío perfectamente. Asombrado y con mi nariz en su rodete, intentaba
pensar en cualquier estupidez para que las cosas quedaran así y
no se despertara nadie. Al menos el perfume que tenía tapaba muchos
de los olores que disfrutábamos. Quise seguir escuchando y ella
mientras hablaba aumentaba la presión de sus nalgas sobre mí.
Empecé a transpirar.-
…y volvió a soplar en el pico y Bubu abrió grandes
los ojos! Entonces le sopló muchas veces hasta que la gallinita
se levantó. ¿Entendes Roberto que se levantó la gallinita?Yo
no sabía si hablaba de la historia o de mi. Tragué saliva.
Ella no sólo seguía aumentando la presión, sino que
se movía intencionalmente, la muy atrevida. Él le dijo algo
cerca del oído y ella se rió y se frotó con mayor
ganas. De pronto me doy cuenta que estamos ingresando en la terminal,
estamos llegando a Retiro. Y como siempre, se abre la puerta del otro
lado, nunca la que estoy cerca. Comienza la descompresión y con
tristeza y alivio siento como Susana despega su cuerpo del mío.
Como tengo mis apuntes en una mano puedo disimular tranquilamente, aunque
nadie se va a fijar en mi en la monstruosa multitud. No puedo seguirlos,
la gente es demasiada y se interponen en mi camino. Y a mi me es un poco
difícil avanzar. Llego a salir caminando lentamente y me dirijo
al subterráneo, ya sin ninguna presión pero pensando más
en Susana que en la gallina. ¡Es increíble que una mujer
estando en presencia de su marido, pareja, concubino o quien sea, haya
hecho semejante acto de desparpajo! ¡La sociedad está verdaderamente
fuera de cauce, cómo pretender que las cosas mejoren si nos comportamos
como esa mujer!Apenas
llegué a la oficina me puse a investigar sobre la historia. Dijo
que alguien lo había corroborado en Internet, así que eso
es un juego para mí. Después de unos minutos de búsqueda
y de resolver dos o tres pavadas laborales, lo encontré.
En un sitio nacional de noticias y periodismo en internet estaba la nota,
era muy pequeña y decía esto: “Una mujer llamada Marisa
debió aplicar técnicas de resucitación para salvar
a la gallina de su pequeño hermano que había caído
en un estanque y estaba aparentemente ahogada.
Boo Boo, tal era el nombre del ave, fue encontrada por la señora
Marisa, una enfermera retirada, flotando boca abajo en el estanque familiar.
Instantáneamente la extrajo y observó que no respiraba ni
se movía.
Desesperada, le practicó respiración boca a boca y el animal
respondió favorablemente. "Soplé dentro de su pico
y abrió muy grandes los ojos. Volví a soplar y los abrió
nuevamente", relató la mujer.
La gallina Boo Boo, que lleva ese nombre por lo asustadiza que es, está
a salvo y la familia cree que habría caído al agua tras
espantarse por la presencia de algún otro animal.”Y
bueno, los argentinos siempre hacemos lo mismo. No podía llamarse
“Bubu”, tenía que ser bien al estilo yanqui “Boo
Boo”. Y Marisa era una enfermera retirada… o habrán
querido poner “retardada” y fue un error? Poco importa. Lo
interesante de todo esto es que Susana me siguió en el subte, cuando
salimos me pidió fuego y después de tres semanas, estamos
vivendo juntos en su departamento. Roberto sigue llamando de vez en cuando,
muy desconsolado. Y Bubu corre lejos del estanque.
©
Sergio C. Spinelli